INTRODUCCIÓN AL SUFRAGIO UNIVERSAL EN ESPAÑA II

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A lo largo de la historia ha habido determinados grupos de personas o colectivos a los que se les ha negado su participación en el voto; a saber, los esclavos, los negros, las mujeres, los presos, los pobres, los discapacitados tanto físicos como intelectuales y un largo etcétera. En este apartado continuaremos con la historia del sufragio universal centrándonos en la lucha de la mujer para conseguir sus derechos básicos.

El sufragio universal es el sistema electoral por el cual todo individuo tiene derecho a voto independientemente de su sexo, raza, condición social, creencia o religión. El sufragio universal se ha visto como una evolución del sufragio restringido o censitario y el sufragio calificado – mencionados anteriormente. Los sistemas políticos actuales se rigen por el sufragio universal, por lo que toda restricción social, económica o política se elimina por completo. En los gobiernos democráticos, el sufragio está sujeto a ciertas condiciones legales que lo limitan; por ejemplo, la mayoría de países se rige por una edad electoral mínima, es decir, tienen derecho a voto los sujetos mayores de edad (en España la edad para votar es a los 18 años – la edad mínima más común entre las naciones del mundo –  mientras que en otros países como Irán y Argentina la edad se reduce a 15 años, y en Austria, Chipre, Ecuador, Cuba y Nicaragua es a los 16). Sin embargo, existen también otras restricciones por la condición de extranjero o por salud mental.

Como vimos anteriormente, después del esfuerzo por conseguir el sufragio universal masculino, la mujer continuaba en un segundo plano. A pesar de la abolición de los anteriores sistemas electorales, la mujer seguía estando excluida del sufragio y se había mantenido en una sombra. No se contemplaban sus derechos – entre ellos el voto – por su condición de mujer, es decir, su atribución de características como el histerismo, la irracionalidad o la debilidad. La lucha para conseguir el sufragio femenino surge hacia la mitad del siglo XIX con el inicio de un movimiento conocido por el nombre de feminismo. El derecho a voto encabezó la lucha feminista porque las mujeres pensaban que una vez llegaran al parlamento sería más fácil cambiar las leyes con el fin de establecer la igualdad entre hombres y mujeres. Así surge el movimiento sufragista el cual veremos más adelante. El sufragio femenino se refiere al derecho de ejercicio del voto de toda mujer en las elecciones así como a ser elegida. En Europa, Finlandia fue el primer país en otorgar el sufragio total a sus ciudadanos  en 1906. En Inglaterra, las mujeres consiguieron el derecho a voto en 1918 y en EE.UU. en 1920 (cabe destacar que este derecho no fue total en ninguno de estos países hasta años después).

En el caso de España, la consecución del derecho a voto conllevó más tiempo. El sufragio femenino llegó con la Segunda República (1931-1939). En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 los republicanos resultaron victoriosos, lo que supuso el inicio de un nuevo régimen y el fin del reinado así como el exilio de Alfonso XIII en España. El 1 de octubre de ese mismo año se llevaron a cabo varios debates decisivos para la historia de España. En ellos se trataba abiertamente la aprobación o la oposición del sufragio femenino. En el Congreso se expusieron diferentes opiniones por parte de los mismos socialistas e izquierdistas. Por ejemplo, Roberto Novoa, médico prestigioso perteneciente a la Federación Republicana Gallega, se declaró en contra del voto femenino: «la mujer es histerismo y se deja llevar por la emoción y no por la reflexión crítica». La mujer suponía un peligro y un retroceso para la república puesto que estaba ligada a la iglesia. José Álvarez Boylla, del Partido Republicano Radical, pronunciaba estas palabras: “como política es retardataria, es retrógrada, todavía no se ha separado de la influencia de la sacristía y del confesionario”.

Aunque este último se oponía al sufragio femenino, abogaba por que tuviera el derecho de ser elegida. Novoa, por su parte, se negaba a ambas e insistía en la ‘influenciabilidad’ de la mujer y su poca voluntad de decisión: “se haría del histerismo una ley”, ya que “el histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer; la mujer es eso, histerismo, y por ello es voluble, versátil”. Manuel Hilario Ayuso, diputado del Partido Republicano Federal, propuso que el hombre votara a los 23 mientras que la mujer a los 45, pues era su “edad crítica”. Eduardo Barriobero, otro diputado del Partido Republicano Federal propuso que se les negara el voto a las 33.000 monjas que había en España por aquel entonces.

En las Cortes de ese año, solo tres mujeres llegaron a ser diputadas: Margarita Nelken, Clara Campoamor y Victoria Kent. Paradójicamente, estas tres políticas socialistas tenían opiniones contrarias con respecto al sufragio femenino. Mientras Kent, del Partido Radical Socialista y Nelken, del PSOE, coincidían en que la mujer no estaba política y socialmente preparada para votar de manera responsable, Campoamor, del Partido Republicano Radical, defendió su derecho a voto no como mujer sino como persona. En este debate clave protagonizado por Kent y Campoamor, Kent se opuso a la aprobación del voto femenino por temor a que la republica se tambalease bajo la alegación del peligro que suponía que la mujer ejerciera su derecho a voto por su falta de espíritu crítico y educación y por su relación con la iglesia. También pidió un aplazamiento del mismo:

               Creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal (…) es necesario, aplazar el voto femenino (…). Señores diputados, no es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República (…). Pero hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer.

«Es necesario que las mujeres que sentimos el fervor democrático, liberal y republicano pidamos que se aplace el voto de la mujer»

Por el contrario, Clara Campoamor se posicionó a favor del reconocimiento del sufragio femenino y defendió fervientemente que el principio de igualdad estaba por encima del Estado y que el sufragio era un derecho básico como ser humano. Así respondió Campoamor a algunas de las afirmaciones de Kent:

¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación?

 ¿De qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? (…) un estudio cíclico desde 1868 a 1910 dice que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán.

«No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos».

«Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho».

Su discurso fue decisivo, y gracias a su ímpetu y determinación las cortes constituyentes aprobaron el artículo 34 – que más tarde sería el 36 – de la Constitución de la República Española que declaraba el derecho a voto en igualdad de condiciones: «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes». Hoy día se trata del artículo 23 de la Constitución española que reza así:

1. Los ciudadanos tiene el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.

2. Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalen las leyes.

El 1 de octubre de 1931 hubo 161 votos a favor frente a 121 votos en contra. Victoria Kent insistió en el aplazamiento del voto femenino presentando en los meses siguientes una disposición transitoria para que la mujer no pudiera votar en unas elecciones generales hasta que no hubiera participado en dos municipales. Esta última votación estuvo más reñida que la anterior con un margen de solo 4 votos, 131 votos en contra y 127 a favor. Afortunadamente, se aprobó el sufragio femenino y en las elecciones de 1933 tanto los hombres como las mujeres mayores de 23 años pudieron ejercer su derecho. Este avance en la democracia se verá truncado por la dictadura franquista en los próximos años (1939-1975). Estos cuarenta años de retroceso y represión anularán el sufragio universal hasta el fin de la dictadura. La mujer no volvería a ejercer su derecho hasta 1977.

Os invito a leer el discurso de Clara Campoamor y a ver el documental donde queda muy bien plasmado lo sucedido:


PATRICIA DÍAZ

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